El poder de las expectativas económicas en los negocios

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La expectativas económicas tienen un enorme poder, mayor del que parece. Porque la economía tiene más componente social que matemático. Da igual que nos empeñemos en realizar previsiones económicas sobre datos macro como el PIB, la inflación, o el desempleo. La economía se basa más en expectativas y éstas son difíciles de predecir. En los últimos años hemos comprobado en nuestras carnes el poder de las expectativas económicas, en especial en el mercado bursátil. El 21 de enero del 2008 las bolsas sufrieron un lunes negro, con caídas superiores al 5% en un sólo día. Y todo ello por las dichosas expectativas de que EEUU entraría en recesión, lo que acabaría por contagiar al resto de las economías mundiales. Ni que decir que lo que vino después fue mucho peor de lo esperado.

Pero volviendo a las expectativas, ese ejemplo pone de manifiesto el hecho de que el mundo de los negocios es como un barco de papel en medio de una marejada: nada se puede hacer ante el poder de las expectativas económicas. No somos seres racionales, más bien somos irracionales aunque a veces queramos justificar nuestros actos a través de complejas teorías económicas. De hecho en la historia económica hay muchos hechos que demuestran esta afirmación. Como por ejemplo el famoso ejemplo de Holanda y los bulbos de tulipán, muy usado en Facultades de Economía de todo el mundo, que tuvo un impacto notable en los negocios de la época. Mucha gente no sabe por qué Holanda tiene tantos tulipanes y el motivo es un hecho irracional fruto de las expectativas. Hasta tal punto que hoy podríamos hablar de burbuja, puesto que los precios subieron hasta límites insospechados y sin ningún fundamento económico. El caso es que en Holanda se pusieron de moda los bulbos de tulipán, la demanda era tan alta que se llegaron a pagar precios desorbitados. En algunos casos se llegaban a vender fábricas y negocios enteros a cambio de los ejemplares más raros y llamativos. Todo era poco puesto que el precio no dejaba de subir. Seguro que la historia te suena pero en un contexto más nacional y en una época cercana. Los efectos de la burbuja inmobiliaria han sido demoledores para España, tanto a nivel de empleo como a nivel de endeudamiento de familias y empresas. El resultado ya lo sabemos: empresas en quiebra y familias que pierden su casa por no poder pagar el préstamo hipotecario que pidieron para comprar su vivienda. Y las causantes otra vez más las expectativas económicas que llegaron a un punto irracional con afirmaciones del estilo «la vivienda no va a dejar de subir compre ahora porque mañana estará más cara». Aunque para ser honestos las expectativas económicas no fueron las únicas culpables del origen y el crecimiento de la burbuja inmobiliaria en España:

  • Los cambios sociales y demográficos, como la mayor esperanza de vida, el aumento de los hogares monoparentales (por divorcios o similar), la emancipación de la generación del baby – boom, etc.
  • El sistema bancario al lanzar hipotecas con mayores plazos de amortización (hasta 40 años) y mayores porcentajes de financiación (hasta más del 100% del valor del inmueble).
  • La situación de los mercados financieros, que ante la baja rentabilidad de otras inversiones se volcaron con la inversión inmobiliaria.

De hecho durante la burbuja inmobiliaria las expectativas llegaron a tal punto que parecía que el precio nunca iba a bajar. Que habíamos llegado a un nuevo modelo económico donde los precios seguirían subiendo o como mucho sufrirían un «suave aterrizaje». Pero, ¿cómo pueden afectar tanto las expectativas al precio?. Para ello habrá que verlo en forma matemática, para entender cómo algo social o irracional influye a la hora de realizar un cálculo. Uno de los principios básicos de las finanzas es aquél que dice que el valor del dinero varía en función del tiempo. Es decir por efecto de la inflación y de los tipos de interés, no es lo mismo cobrar hoy 1.000 euros que hacerlo dentro de 5 años. Dependiendo de cuándo obtengamos los 1.000 euros su equivalente a dinero de hoy sería muy diferente. Para ello en finanzas se suele usar la fórmula matemática del descuento de flujos, que calcula cuál es el valor actual equivalente de una renta futura. Es decir que calcula la equivalencia entre cobrar hoy una cantidad de dinero «X» o cobrar 100 euros dentro de 1 año. Por ejemplo, si usamos una tasa de descuento del 15% tendríamos que 100 euros dentro de 1 año equivalen a 87 euros hoy. Pero cuando queremos hacer ese cálculo sin un plazo fijo, es decir suponiendo que la renta futura será para siempre, tenemos que tener en cuenta las expectativas económicas. Es decir el porcentaje de crecimiento anual, por ejemplo por aumento del PIB o del precio de un inmueble. Y en ese caso cobrar 100 euros cada año con un crecimiento anual del 5% equivaldría a cobrar hoy 1.000 euros. Mientras que si mis expectativas son mayores y creo que el crecimiento será del 10% el valor a cobrar hoy se duplicaría. Como se puede ver la cantidad varía mucho aplicando a la misma fórmula matemática unas expectativas económicas más optimistas. Por lo que será mejor que en el mundo de los negocios aprendamos a detectar burbujas basadas en expectativas irracionales. Sólo así podremos evitar que nos destruyan tras su explosión.

«Puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las gentes». Isaac Newton

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